Me miraste a los ojos…


Me miraste a los ojos y me preguntaste cosas sin importancia, como si tuvieran un papel trascendente en el sentido del universo.
Me miraste a los ojos y mientras ocurría, noté en los tuyos… que olvidabas por un momento, la distancia que estamos obligados a guardar.
Me miraste a los ojos y mientras hablabas flotabas junto a la pared, como si no hubiese más en el mundo que ignorar las palabras que sonaban, y por un momento olvidarlo todo.
Me miraste a los ojos sin piedad, sin pestañear, sin sospechar siquiera que era lo peor que podías hacer, porque a pesar de que mis días pasan, yo podía ver en tus ojos cuantos mundos se me habían pasado por la cabeza y todas las palabras que se han quedado mudas.
Se te ocurrió mirarme a los ojos y por primera vez, desde que te conozco, he entendido por qué cada vez que escucho aquél cuento infantil, aquél en donde hay un reino, un caballero y un dragón, y entre almohadas, una princesa, que cada vez que le pregunto, repite e insiste que no quiere ser salvada.
Atrapada por tu mirada, yo tampoco quiero ser salvada.

“tu voz perfilada entre miles de voces, como el único faro que orienta mis latidos”…

TVE, TT.

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